Qué revela el III Informe sobre los estudios universitarios de Ingenieria en España.

Alberto Marauri
19 de diciembre de 2025

Desde HR4TECHTEAM trabajamos habitualmente con empresas tecnológicas, equipos de ingeniería y responsables de personas que se enfrentan al mismo problema: les cuesta incorporar, desarrollar y consolidar talento técnico con recorrido real.

Con ese contexto, hemos analizado el III Informe «Análisis de los Estudios Universitarios en Ingeniería» de INGITE, elaborado a partir de datos oficiales del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. No para resumirlo ni para repetir sus conclusiones. Lo hemos leído desde la perspectiva de la empresa y de la gestión de personas. Para entender qué hay detrás de algunos problemas que luego aparecen en las organizaciones y que rara vez se explican desde el sistema educativo.

Durante años se ha repetido lo mismo: España tiene un problema de falta de ingenieros. Aparece en debates sobre competitividad, en foros empresariales, en informes sectoriales. Casi siempre se explica igual: menos vocaciones técnicas, jóvenes poco interesados, mercado laboral incapaz de atraer talento.

El informe no niega esa escasez. Pero obliga a cambiar el foco. Los datos sugieren algo más incómodo: el problema no es solo cuántos ingenieros queremos, sino cómo funciona el sistema que los forma y qué tipo de profesionales está produciendo.

Este artículo no es un informe propio ni una reinterpretación interesada. Es una lectura profesional, apoyada en datos públicos, que intenta dar contexto, señalar patrones y plantear preguntas que los números dejan entrever.


Un problema estructural en los estudios de ingeniería en España

El primer mensaje del informe es claro y difícil de relativizar. Desde el curso 2002–2003, el número de estudiantes matriculados en estudios de ingeniería ha caído un 33 %. Hoy, la ingeniería representa apenas el 16,98 % del total del alumnado universitario, una cifra solo ligeramente superior a la de mediados de los años ochenta.

Hasta aquí, podríamos pensar que se trata de un ajuste demográfico o de un cambio en las preferencias de los jóvenes. Sin embargo, el dato realmente preocupante aparece cuando miramos la salida del sistema: los egresados en ingeniería representan solo el 7,54 % del total de titulados universitarios.

Dicho de otra forma: incluso entre quienes empiezan, muchos no terminan. El propio informe sitúa la tasa real de abandono en torno al 50 %. No es un fenómeno puntual ni reciente. Es una constante sostenida durante décadas.

Esto cambia radicalmente la pregunta. Ya no es solo por qué pocos jóvenes eligen ingeniería, sino qué ocurre una vez están dentro.


Más titulaciones de ingeniería, menos ingenieros reales

Uno de los aspectos más llamativos del informe es la evolución del número de titulaciones. En los últimos diez años, las titulaciones de Grado en Ingeniería han aumentado más de un 30 %. Las de Máster, cerca de un 21 %.

A primera vista, podría interpretarse como dinamismo, adaptación a nuevas tecnologías o modernización de la oferta. El problema aparece cuando se cruza este dato con el número real de estudiantes.

Casi el 50 % de las titulaciones de Grado y Máster en Ingeniería tienen menos de 50 alumnos por curso. En muchos casos, menos de 50 alumnos en total. Esto plantea algunas preguntas sobre:

  • La sostenibilidad académica de la oferta.
  • La eficiencia en el uso de recursos públicos y privados.
  • La calidad de la experiencia educativa en titulaciones sin masa crítica.

El sistema parece haber optado por fragmentar la ingeniería en múltiples títulos en lugar de fortalecer itinerarios claros, comprensibles y robustos. El resultado no es necesariamente más especialización, sino más confusión.


Ingeniería no habilitante: el debate que el sistema ha ido esquivando

Hay un dato que atraviesa todo el informe y que rara vez ocupa el centro del debate público. Más del 53 % de los Grados en Ingeniería no son habilitantes para el ejercicio profesional. En el caso de los Másteres, el porcentaje se eleva hasta el 80 %.

Además, estas titulaciones no habilitantes crecen mucho más rápido que las habilitantes. En la última década, los grados no habilitantes han aumentado cerca de un 60 %, frente a un crecimiento muy moderado de los habilitantes.

En algunas ramas, como la industrial, el fenómeno es especialmente significativo: más de la mitad de los egresados ya proceden de titulaciones no habilitantes.

El informe no juzga este hecho, pero los datos obligan a reflexionar. ¿Estamos formando ingenieros o perfiles con una formación técnica amplia pero sin un encaje profesional claro? ¿Entienden los estudiantes, desde el inicio, qué implicaciones tiene cada itinerario?

No se trata de cuestionar la utilidad de estas titulaciones, sino de reconocer que el sistema ha ido evitando un debate de fondo sobre atribuciones, responsabilidad profesional y coherencia entre formación y ejercicio.


Abandono en ingeniería: cuando el diseño del sistema importa más que la vocación

Un abandono cercano al 50 % no puede explicarse solo por falta de capacidad, esfuerzo o motivación individual. Cuando un fenómeno es tan persistente y generalizado, apunta a problemas de diseño.

El informe no entra en las causas pedagógicas, pero los datos sugieren varios factores:

  • Orientación previa insuficiente o confusa.
  • Expectativas irreales sobre qué es estudiar ingeniería.
  • Metodologías docentes poco adaptadas a la diversidad de perfiles.
  • Evaluación centrada en la selección más que en el aprendizaje.

Durante años, el alto abandono se ha interpretado casi como un filtro natural. Como una prueba de exigencia. Sin embargo, desde una perspectiva de país, perder a la mitad de los futuros ingenieros no es exigencia. Es ineficiencia.


Ingeniería informática en auge y otras ingenierías en retroceso

El informe confirma una tendencia clara y, en muchos sentidos, positiva: la ingeniería informática crece con fuerza. En los últimos diez años, los matriculados han aumentado más de un 60 % y los egresados se han duplicado. La presencia de mujeres crece a un ritmo especialmente significativo.

Sería un error no reconocer este dinamismo. El problema aparece cuando se observa el resto del mapa.

Mientras informática crece, ramas clave para la economía productiva y la transición energética muestran descensos muy acusados:

  • Minas y Energía: más del 40 % menos de matriculados y cerca de un 70 % menos de egresados.
  • Ingeniería Civil: caídas superiores al 30 % en matriculados y al 60 % en egresados.

Resulta paradójico hablar de reindustrialización, infraestructuras sostenibles o transición energética mientras las ingenierías que deberían sostener esos discursos se vacían.

El sistema responde rápido a lo digital. Mucho más lento a lo estructural.


Mujeres en ingeniería: los datos no confirman el relato habitual

Otro de los mensajes relevantes del informe es el avance sostenido de las mujeres en la ingeniería. No solo en matriculación, sino también en resultados.

En muchas ramas, las tasas de graduación femeninas superan a las masculinas. Esto desmonta uno de los relatos más repetidos: que el gran problema es atraer talento femenino.

Los datos sugieren algo distinto. Cuando entran, las mujeres no abandonan más. Al contrario.

Esto desplaza el foco del debate. El problema no es quién entra, sino cómo está diseñado el sistema para que quienes entran puedan terminar y desarrollarse.


Falta de planificación y visión de conjunto en la ingeniería universitaria

Más allá de los números, el informe apunta a una cuestión estratégica: la falta de una visión integrada de país sobre la ingeniería.

La oferta se decide de forma atomizada. Cada universidad compite por diferenciarse. Cada título busca su nicho. El resultado es un sistema poco legible para estudiantes, empresas y sociedad.

No parece existir una coordinación real entre:

  • Planificación educativa.
  • Necesidades industriales y tecnológicas.
  • Regulación profesional.
  • Estrategia de competitividad a largo plazo.

En este contexto, hablar solo de “falta de ingenieros” es una simplificación excesiva.


Tendencias positivas en los estudios de ingeniería que merece la pena destacar

El informe no dibuja un panorama completamente oscuro. Hay señales que merecen atención:

  • Mayor presencia femenina.
  • Recuperaciones puntuales en algunas ramas.
  • Creciente conciencia social sobre el papel estratégico de la ingeniería.

El sistema no está roto. Pero sí desordenado y poco alineado con los retos que dice querer afrontar.


Una reflexión final desde la empresa y la consultoría

Después de analizar los datos del informe, la cuestión de fondo no es únicamente cuántos ingenieros necesita España. La pregunta es más concreta y, a la vez, más necesaria.

¿Estamos diseñando el sistema universitario de ingeniería pensando en el tipo de profesionales que necesitan realmente las empresas, la industria y los proyectos tecnológicos que el país quiere desarrollar?

Desde la experiencia en consultoría de personas y organizaciones tecnológicas, estas cifras conectan directamente con problemas que aparecen después en las empresas: dificultades para encontrar perfiles bien orientados, trayectorias profesionales poco claras, desajustes entre formación y realidad del puesto o abandono temprano de carreras técnicas.

El informe no ofrece soluciones cerradas, y probablemente no debería hacerlo. Pero sí pone sobre la mesa una evidencia difícil de ignorar: sin una reflexión conjunta entre universidad, empresa e instituciones sobre cómo formar y desarrollar ingenieros, el problema no se resolverá solo aumentando el número de títulos ni repitiendo que faltan vocaciones.

Ahí es donde tiene sentido abrir conversaciones entre quienes forman, quienes contratan y quienes gestionan talento técnico a largo plazo. Para alinear expectativas, decisiones y modelos formativos con la realidad del trabajo técnico y de la ingeniería actual.

Alberto Marauri

Alberto Marauri

Fundador de Hr4Techteam

Soy Alberto Marauri, fundador de HR4TechTeam. Tras más de 25 años liderando áreas de Recursos Humanos en sectores como tecnología, consultoría y energías renovables, decidí crear esta iniciativa para transformar experiencia en soluciones útiles y aplicables.

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