Aprobaste una excepción salarial en cuarenta minutos. Los tres meses siguientes los has pasado explicándola de uno en uno.
Esta ficha nace del caso de Marta, Engineering Manager en una scale-up de logística de última milla, que retuvo a su mejor backend con un 22% fuera de banda y once semanas después tenía a sus dos seniors más antiguos preguntándole qué tenían que hacer para valer lo mismo. Puedes leer el caso completo [PENDIENTE: enlace al caso en LinkedIn]. Si has llegado por otra vía, la página se entiende sola.
(Esta página es la 2ª parte del artículo de la Newsletter «CTO&TECH&PERSONAS», que publico semanalmente en Linkedin. Tiene autonomía de contenido por sí misma)
Cómo se nota que no sabes explicar una decisión salarial en una entrevista
- «Cuéntame la última vez que tuviste que decirle a alguien de tu equipo que no le ibas a subir el sueldo.»
- «¿Qué criterio usas para decidir a quién propones para revisión fuera de ciclo?»
- Contestas con el caso en el que sí subiste el sueldo, no con el caso en el que no lo subiste. Quien te entrevista lo anota, porque ha preguntado justo por el otro.
- Describes tu criterio con verbos de intención — valorar el impacto, mirar la contribución — y no llegas a nombrar ni una variable que se pueda ordenar de mayor a menor. La persona al otro lado gestiona bandas y sabe distinguir un criterio de una manera de sentirse justa.
- Cuando te preguntan cómo se lo explicaste al resto del equipo, respondes que no hizo falta porque nadie preguntó. Ahí termina la conversación sobre ese punto, y no vuelve.
En tu trabajo habitual
- Tienes conversaciones de sueldo de una en una, en despachos distintos, y en cada una das una versión ligeramente distinta del mismo criterio. Nadie las cruza, hasta que alguien las cruza.
- Cuando RRHH te aprueba una excepción con la coletilla de que no sienta precedente, la aceptas sin preguntar cómo se documenta. Doce meses después no sabrías reconstruir por qué se aprobó aquella y no la anterior.
- Le has dicho a alguien de tu equipo «confía en mí, esto se va a arreglar en la próxima revisión» sin tener ninguna certeza sobre qué va a hacer la próxima revisión. Lo has dicho más de una vez, a personas distintas.
Lo que notas tú
- El domingo por la tarde repasas mentalmente quién de tu equipo puede estar hablando con un reclutador esta semana. No lo llamas preocupación, lo llamas estar al tanto.
- Cuando ves un mensaje de un senior pidiéndote «un rato para hablar de una cosa» sin decir de qué, te haces una idea antes de abrir el calendario, y casi siempre aciertas.
- Has empezado a evitar las comidas de equipo donde se junta gente de bandas distintas. No lo has decidido, simplemente te salen otros compromisos esos días.
Antes de seguir — el mordisco sistémico
A qué puestos no vas a llegar si no sabes explicar tus decisiones salariales
- Dirección de área de ingeniería. El puesto consiste en repartir un presupuesto de personal entre equipos que compiten por él, y defender ese reparto delante de los responsables que se han quedado cortos. Si tu criterio no sobrevive a que dos managers lo comparen en voz alta, el reparto no se sostiene.
- VP de Ingeniería en una empresa con dos sedes. Vas a tener el mismo rol cobrando distinto en dos países, y alguien va a hacer la comparación en Slack. La conversación no es de nómina, es de por qué la escala es distinta y qué se compensa con qué.
- Responsable de un programa transversal entre ingeniería y operaciones. Te vas a encontrar perfiles de planta y perfiles de desarrollo en el mismo proyecto, con bandas construidas con lógicas distintas y ninguna explicación común. Sin criterio propio, arbitras con la que grite más.
- Comité de dirección. Ahí se aprueba la política de compensación, no se ejecuta. Se te pedirá que digas qué comportamiento quieres que la política premie, y ese es exactamente el ejercicio que llevas evitando.
- CTO. El equipo técnico interpreta lo que cobra cada quien como la declaración real de qué valora la empresa. Si tú no la escribes, la escriben los que se van y vuelven con una oferta.
Qué pasa si entras igual
- Primer trimestre. Heredas un histórico de excepciones sin documentar y decides no tocarlo, porque abrirlo hace ruido y llevas ocho semanas en el puesto.
- Segundo trimestre. Llega la primera revisión con tu firma. La resuelves caso a caso, hablando por separado con cada responsable, igual que hacías antes con un equipo cinco veces más pequeño.
- Tercer trimestre. Alguien monta una hoja de cálculo. Circula. Ya no gestionas tres conversaciones, gestionas una percepción compartida por cuarenta personas.
- A los nueve meses. Empiezas a perder a gente que no te ha pedido nada antes de irse. No hay contraoferta posible, porque lo que se ha roto no es el sueldo.
- Al año. Te has ganado la fama de que contigo hay que negociar duro. Ese es el segundo techo, y es peor que el primero, porque el primero solo te frenaba a ti, y este te convierte en el motivo por el que la gente buena de tu área empieza a mirar fuera antes de hablar contigo.
Cuánto te cuesta al año no explicar tus decisiones salariales
Escribe cuántas horas a la semana dedicas a gestionar por separado percepciones de agravio que un criterio publicado resolvería de una vez. La tabla se recalcula sola.
Con 6 horas a la semana, esto es lo que sale.
- ⏱️ 312 horas al año en conversaciones de una en una sobre lo mismo. Son 8 semanas laborales completas.
- 💶 Entre 18.000 y 30.000 € (estimación de Alberto) es lo que cuesta cubrir de urgencia la vacante de quien se cansó de esperar el criterio que nunca llegó.
- 🏠 9 jornadas al año que no has estado en casa a la hora de cenar por una conversación que se alargó y que no podías dejar a medias.
- 📅 35 domingos al año repasando quién puede estar hablando con un reclutador el lunes.
- 🤒 2 días de baja que no te has cogido porque tenías tres conversaciones abiertas y ninguna cerrada.
Cómo lo hace quien sí lo tiene
- Tiene escrito, en un documento que su equipo puede abrir, qué mueve un sueldo hacia arriba en su área y qué no. No son competencias, son cosas comprobables — qué sistemas puedes sostener tú solo en guardia, qué decisiones técnicas firmas sin consultar.
- Cuando aprueba una excepción, la documenta el mismo día con el motivo real, no con el motivo presentable. Lo hace sabiendo que dentro de un año alguien va a leer esa línea.
- Dice «no» con la razón concreta y sin prometer la próxima revisión. Prefiere la conversación mala de diez minutos a la esperanza de nueve meses.
- Cuando el sistema solo le deja la palanca de la excepción, lo dice hacia arriba con números — cuántas fuera de ciclo, cuántas precedidas de una oferta externa, cuánto ha costado eso frente a revisar la estructura.
- Ha reconocido delante de su equipo que, tal y como está montado, buscarse una oferta fuera funciona. Lo ha dicho en voz alta, sin adornarlo, y ha explicado qué está haciendo para que deje de ser así.
La que separa de verdad es la quinta. Las cuatro primeras se pueden hacer con método y disciplina. La quinta exige reconocer delante de tu equipo que el sistema que representas está mal montado, sabiendo que eso te deja sin la coartada de la explicación brillante. Quien la hace recupera algo. Quien no la hace se pasa dos años gestionando resentimiento de uno en uno.
Si te has visto en cinco o más de las nueve
- El lunes, siéntate una hora y escribe una sola cosa. Qué hace falta, en concreto, para pasar de un nivel al siguiente en tu equipo. Sin adjetivos, con ejemplos de trabajo real que puedas señalar. No lo publiques todavía.
- El martes, enséñaselo a una persona de tu equipo que no esté esperando una subida. Pregúntale si con eso podría explicarle a alguien más por qué cobra lo que cobra. Si dice que no, no está terminado.
- La semana siguiente, cuéntaselo a tu jefatura antes que a tu equipo, con los números de cuántas excepciones has aprobado en los últimos dieciocho meses y cuántas venían con una oferta externa detrás. Va a haber incomodidad, van a decirte que eso es de RRHH. Esa incomodidad es la inversión. No es el error de cálculo.
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